Leemos en una nota de la Nación:
Este peso tan insoportable va "doblando el lomo" de los trabajadores del sector privado en la Argentina y también de los empresarios, y finalmente no tiene perspectivas de continuar así durante todo el tiempo, no tiene perspectivas de ser sustentable.
Por supuesto, hay una serie de falacias importantes en el artículo. Para empezar, hay rubros que están injustamente incluidos:
1) Las cajas, jubilaciones y pensiones pueden descontarse. Ahora tenemos un sistema estatal de reparto que es un sistema en el que la generación que viene va a pagar las jubilaciones de la generación actual. Pero si hubiera un sistema de capitalización, sería lo mismo: sería plata sacada del sueldo de los trabajadores y probablemente sería mas plata, porque en el sistema de reparto se puede apostar al crecimiento del país para descontarle menos al trabajador de hoy apostando a que va a ganar mas el de mañana.
2) Seguros de desempleo y asignaciones universales por hijo: también se podría descontar. La asignación por hijo no es una carga a los trabajadores, al menos no para todos. Los trabajadores de ingresos bajos o en negro se ven beneficiados por ellos.
3) Empresas públicas, universidades, sector financiero: los bienes que generan son para consumo de bienes y servicios (agua, luz, transporte, educación, etc.). En rigor, los trabajadores son iguales que los empleados del sector privado, solo que las empresas son propiedad del Estado.
4) Terminan quedando dos rubros solamente: Pensiones no contributivas, sector público no financiero y ex combatientes de Malvinas. No hay nada que discutir sobre los ex combatientes. Los números que habrían que ver en detalle son los otros dos.
El resultado es que la gente que "vive del Estado" suma 3.208.266. La población económicamente activa, estimada para 2010 es del 42,5%. Sobre 40 millones, estaríamos hablando de 17 millones. En porcentaje, sería aproximadamente el 18,8% de la población económicamente activa. No parece un número excesivamente grande.
Hay una segunda falacia: el gasto del Estado es ineficiente:
Además de que son muchas las personas que hay que mantener en el sector público, también son muy poco eficientes los que trabajan en el sector oficial. Por ejemplo, si bien todos pagamos los maestros con impuestos, después hay que mandar a los chicos a la escuela privada por la gran caída de la calidad de la escuela pública en los últimos 20 o 30 años.
El argumento podría ser exactamente el inverso: hay que pagar escuela privada, seguridad privada y otros sustitutos porque se gasta de menos. Supongamos: si mantener a un docente capacitado requiere una inversión de $2000 al año por encima de un buen sueldo, y el Estado solo invierte efectivamente $500 habrá una desinversión del sector público comparado con el sector privado que si haga esa inversión. La chicana podría ser: el Estado es ineficiente porque se invierte de menos, no de más.
Finalmente, supongamos que nuestra estructura tributaria es progresiva y los trabajadores no son los que pagan el eventual excedente de gasto público ¿lo pagan los empresarios?
Hay que tener en cuenta que siempre hay atenuantes, ya que el gasto público tiene externalidades positivas, por ejemplo: las asignaciones universales por hijos, son autónomas al nivel de producción. Entonces, grandes volúmenes de consumo que no bajan con los ciclos económicos, trayendo previsibilidad a las inversiones. De mas está hablar de las ventajas de las universidades públicas gratuitas y hospitales públicos.
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